domingo, agosto 09, 2015

CULPA DEL OTRO, LA (España, 1942) Intriga, melodrama




Director: Ignacio F. Iquino
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Intérpretes PrincipalesMercedes Vecino, Luis Prendes, Mariano Beut, Arturo Cámara, Isabel de Pomés, Fernando Freyre de Andrade, Camino Garrigó, Teresa Idel, José Jaspe, Salvador Malonda, Pedro Mascaró, José Prada, Salvador Soler Marí, Joaquín Torréns.
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ArgumentoRafael trabaja como ayudante de cámara de un marqués. Acusado de haber cometido una falta en el servicio, es despedido, si bien todo se debe a los manejos del administrador. 
Poco después el marqués muere asesinado en su casa durante un robo. El ayudante es acusado falsamente y debe huir dejando esposa, que además, está embarazada.
Años después, la madre sale de la cárcel e intenta estar lo más cercana posible a su hija, sin que esta sepa quién es.
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Mi comentarioUn agradable sorpresa, no en vano se trata, ni más ni menos, que de un grandísimo folletín, de esas que podríamos ver en las telenovelas que emiten en la tele en horario de sobremesa.
Sin embargo está muy bien dirigida por un Ignacio F. Iquino pre-películas del destape, spaguettis, y etc.
Antes de todo esto (del destape, quiero decir) era un gran director y un muy importante productor que dió muchísimas oportunidades a personas que gracias a él se labraron un buen porvenir en el Séptimo Arte.
El argumento es de traca, pero nunca, y esta es su mayor virtud, cae en el ridículo, antes bien, alcanza en ciertas escenas una grandeza emotiva, siempre que se acepte todo lo que se nos cuenta, que es verosímil, pero muy poco creíble.



Pero esto es lo de menos, lo importante es que tiene un ritmo increíble, situaciones simpáticas y divertidas, otras de gran y desaforado melodrama (cada vez que declama sus frases una entregada Mercedes Vecino (en el fotograma), iluminada y maquillada de una forma que no se puede contar sino ver...).
Además hay intriga, que tal y como va la peli se puede decir que es lo de menos, a pesar de ser el leif motiv de todo el tinglado.
En suma, que merece la pena verse. En primera lugar porque te lo pasas realmente bien, y en segundo por ver, que también es un acierto, cómo se vivía en ciertos ambientes de la Barcelona de los años veinte, treinta y cuarenta.