lunes, mayo 02, 2016

TURBO KID (Canadá, Nueva Zelanda; 2015) Post-Apocalíptico, Ciencia Ficción,






DirectoresAnouk Whissell, François Simard, Yoann-Karl Whissell.
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Intérpretes PrincipalesMunro Chambers, Laurence Leboeuf, Michael Ironside, Edwin Wright, Aaron Jeffery, Romano Orzari, Orphée Ladouceur, Steeve Léonard, Yves Corbeil, Evan Manoukian, Anouk Whissell, François Simard, Tyler Hall, Yoann-Karl Whissell.
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ArgumentoEn un futuro post-apocalíptico, el agua es un bien muy preciado y en todo el mundo solo hay una ley, la del más fuerte. 
The Kid es un joven que se ha criado solo en un mundo duro y cruel, gracias sobre todo a la ayuda de cómic retro y otros objetos de tiempos pasados que se han convertido en su particular obsesión. 
Con ayuda de compañeros que irá encontrando a lo largo de su camino deberá luchar contra Zeus y su grupo de salvajes que se han auto-proclamado los jefes de todo el territorio.
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Mi comentarioMuy entretenida, jocosa, simpática y entrañable co-producción entre Canadá y Nueva Zelanda, que resulta nostálgica y tremendamente actual a la vez, en su revisitación de un mundo post-apocalíptico, con el agua como bien preciado, señor del mal que se ha apropiado de ella, de la tierra y de las buenas gentes del lugar, y de un trío de héroes o/y súperhéroes, que les hacen frente.
Podría ser también un western futurista, en medio de lugares inhóspitos, donde acabar vivo el día sea la única meta a conseguir si no eres un cruel secuaz del malvado de turno, muy bien caracterizada e interpretado con sorna e histrionismo sentido por el ya mítico Michael Ironside, que demuestra estar todavía en forma.




Se combina perfectamente gracias a un inteligente e imaginativo guión a cargo de los propios realizadores, los momentos violentos, con profusión de escenas gores, que no obstante no ofenden por tratarse al fin y al cabo de una película-tebeo (en el buen sentido del término), y momentos intimistas entrañables, delicados e incluso poéticos amén de románticos.
El personaje, delicioso, interpretado por la bonita Laurence Leboeuf cala en el corazón del espectador (como del protagonista) por su humanidad y alegría contagiosa.
Resulta muy amena esta cinta, que dura lo indispensable, no aburre en ningún momento y saca la franca sonrisa gracias a un ritmo constante y a que resulta honesta en todo momento con el espectador, siempre que no se le exija demasiada seriedad. La historia es la que es, y punto, si no se acepta...
Para disfrutar sin complejos.