viernes, julio 28, 2017

MI TÍO JACINTO (España, Italia; 1956) Melodrama, Social, Comedia





Director: Ladislao Vajda (1, 2)
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Intérpretes PrincipalesANTONI VICO, PABLITO CALVO, PEPE ISBERT (1, 2, 3, 4, 5, 6), JOSE MARCO DAVO (1, 2), JUAN CALVO (12, 3), MIGUEL GILA, TIP (1), TOP (1),  RAFAEL BARDEM (12345678, 9), PEDRO PORCEL (1), FELIX BRIONES, PAOLO STOPPA (1234, 5). WALTER CHIARI (1), CARLO CAMPANINI, JUAN CALVO (12, 3), MARIANO AZAÑA (1, 2), PASTORA PEÑA, ADRIANO DOMINGUEZ, GASPAR CAMPOS, JULIO RISCAL, JOSE CALVO, SALVATORE LIBASSI, AGUSTIN BRAVO, BETT BERRY, JOHN BERRY, MANUEL AGUILERA.
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ArgumentoJacinto es un hombre ya acabado, que un día fue famoso novillero. Ahora vive junto a su sobrino en una mísera chabola, malviviendo de lo que sacan ambos al día en pequeños trapicheos. Un día recibe una carta donde le notifican que debe torear en una charlotada, por lo que le darán mil quinientas pesetas. Sin embargo, existe un problema: no tiene traje de luces. Debe alquilar uno, pero le cobran trescientas pesetas. Así que ambos emprenden la búsqueda urgente de dicho dinero. Y para ello sólo tienen unas horas. Durante las mismas vivirán un sinfin de experiencias que les harán conocerse de verdad.
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Mi comentario


"Cuando hay torero el tamaño del toro es lo de menos".

La mejor película de Ladislao Vajda y por ello de lo mejor del cine español de la época (aunque es co-producción con Italia prácticamente se reduce el aporte de esta última nación a tres ilustres actores del país, como Walter Chiari, el siempre estupendo Paolo Stoppa y el para mi desconocido Carlo Pampanini, que no sé si es familiar de la escultural Silvana). 
A la manera del Neorralismo Italiano, pero con toques eminentemente españoles como la picaresca, Vajda nos deja, para siempre, un documento sociológico de primera mano para conocer cómo era la sociedad de la época, con su hambruna, su esperanza en un futuro mejor a pesar de las adversidades, su picaresca para sacar el día a día... 


Ternura, sentimentalismo sin sensiblería (bueno, quizás un poquillo en el angelical rostro de un estupendo Pablito Calvo), todo junto, agigantado por el buen hacer de un sinfín de estupendos intérpretes que bordan sus papeles. 
Mención aparte para los decorados del genial Antonio Simont, de un virtuosismo sobrecogedor, que obtuvo premios en Berlín. y también el otorgado por el Círculo de Escritores Cinematográficos Españoles.
Por su parte, la película obtuvo, nada menos, que el Oso de Plata en el Festival de Berlín 1956, el Premio del Público. Y es que desde el comienzo hasta el final es una lección excelente de cine hecho con el corazón, pero con gran técnica y sentido del ritmo. 
Un peliculón, vamos, al que el paso del tiempo no sólo no le ha hecho mella alguna, sino que ha acrecentado sus valores, tanto cinematográficos como humanistas.

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