martes, agosto 11, 2009

LA IMPORTANCIA DE LLAMARSE ERNESTO (The Importance of Being Earnest) (Francia, Reino Unido, USA; 2002) Comedia. Media. 6,30


Director: Oliver Parker
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Intérpretes Principales: Ruper Everett, Colin Firth, Francis O' Connor, Reese Whiterspoon, Judi Dench.
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Argumento: Un hombre rico que vive en el campo, muy serio y formal, hace creer a su familia y empleados que tiene un hermano bastante crápula en Londres, llamado Ernesto.
Por ello, cada cierto tiempo debe ir a la ciudad para ver cómo están sus asuntos. Cuando está en la ciudad se hace pasar por el tal Ernesto, viviendo a lo grande, sin pagar en ciertos sitios, para mantener su reputación.
Su amigo del alma, que sí es un verdadero caradura, verá en dicha estratagema la solución a sus múltiples problemas financieros. Se le ocurrirá ir a la casa de campo de su amigo, y pasarse por su ficticio hermano Ernesto
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Mi opinión: Curiosa, pero no acertada adaptación de la genial novela del gran Oscar Wilde, a cargo de Oliver Parker, que suele empeñarse en llevar a la pantalla historias de grandes literatos, como el propio Wilde o, nada menos, que William Shakespeare.
Hasta el momento, y que sepa yo, no ha logrado ningún gran resultado, aunque se le agradece el esfuerzo.
Y es que, en esta ocasión, tampoco logra llegar a buen puerto, a pesar de la elegancia formal de la cinta, con preciosa fotografía, bonita banda sonora y una ambientación perfecta. Asimismo, los intérpretes lo hacen estupendamente, sobre todo la gran
Judi Dench y Anna Massey, muy simpática en su papel.




Sin embargo, la película se podría calificar, quizás siendo un poco duro, de memez. Sí, al menos para mi gusto, ya que tal y como está llevada parece un vodevil de segunda, con momentos realmente sosos cuando, se supone, deberían ser divertidos. Nada más lejos de la realidad, por cuanto la chispa provocada por los juegos de palabras y situaciones, no logran su objetivo, resultando un tanto torpes en ocasiones. Sí es cierto que hay algún buen momento pero, en líneas generales, no pasa de ser un simpatiquillo juguete.
Su visión, no obstante, resulta agradable, no rechinando mucho nada, pero la impresión final que deja (bueno, que me dejó) es la de decepción. Decir que está por debajo de la obra literaria en la que se basa está por demás, ya que era imposible superarla, pero es que no le llega ni a la altura del betún de los zapatos, como se suele decir.
No me atrevo a decir que merezca la pena, aunque tampoco que no
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