miércoles, marzo 15, 2017

PARADOR DEL CAMINO, EL (Road House) (USA, 1948) Intriga






Director: Jean Negulesco (1, 2)
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Intérpretes PrincipalesIda Lupino (1), Cornel Wilde (1), Celeste Holm (1, 2), Richard Widmark (1, 2, 3, 4, 5, 6, 7), O.Z. Whitehead, Robert Karnes, George Beranger, Ian MacDonald, Grandon Rhodes, Hernie Conklin, Clancy Cooper (1), Ray Teal (1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11, 12, 13).
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Argumento: Dos buenos amigos trabajan como socios en un parador. No tienen mucho éxito pero les da para vivir.
El socio capitalista, Jefty, es vividor, inestable en sus relaciones sentimentales y amigo de la bebida.
El otro, Peter, en cambio, es trabajador y procura que en todo momento vaya lo mejor posible el negocio.
Un día, como tantas veces ocurrió en el pasado, el vividor viene de viaje con una bonita mujer, Lily, una cantante de dudosa procedencia. Peter la recibe mal pues todas las mujeres que vienen resultan un fiasco.
Pero esta no, esta canta bien, atrae al público y comienza el negocio a ir pujante.
La relación entra Lily y Peter comienza francamente mal, pero ambos se enamoran. El problema es contárselo a Jefty, que tiene muy mal perder.
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Mi comentario: Buena película de Jean Negulesco, cuando era un exquisito realizador de obras inscritas de hoz y coz en el genuino género negro. Luego comenzó a dirigir obras con mucho colorido y almíbar, consiguiendo grandes éxitos comerciales, pero siendo menos atractivo (no él, su cine, vaya...).
En esta ocasión todo conduce a una excelente muestra donde los elementos se funden hasta lograr un subyugante trabajo.




En realidad, si se analiza bien, se trata de una modesta cinta, pero Negulesco logra que guste muchísimo por su claridad expositiva, el bien perfilado estudio psicológico de sus personajes, y una sencilla pero muy eficaz puesta de escena.
El clímax va in-crescendo, hasta llegar a un concluyente final, donde el destino pone a cada uno/a en su sitio.
Francamente conseguida, supuso para mí un auténtico regalo para los sentidos.
¡Ah! Y la estupenda Ida Lupino me hizo, cosa poco habitual, reír de lo lindo, sobre todo en la larga y estupenda escena de la lección de bolos. 

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